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Hablemos de fútbol: a horas de la gran final de la Supercopa Argentina

Los equipos dirigidos por Gallardo y Barros Schelotto intentarán levantar la copa en un duelo decisivo que lleva más de cuatro décadas de espera.

Alfredo Blanco

@ablanco1985

Martes 13 de marzo | Edición del día

Desde el 9 de Diciembre último, fecha en la que River se consagró bicampeón de la Copa Argentina, empezó a sobrevolar en el ambiente del fútbol local el fantasma del morbo, una sensación que sale a la luz cada vez que Xeneizes y Millonarios tienen que verse las caras. Suele ocurrir cuando se enfrentan en el torneo de Primera División, por Copa Libertadores, Sudamericana y también en los amistosos de verano.

Una final entre ambos potencia ese sentimiento y lo pone a flor de piel en cada portada de diario y programas de radio y televisión. Una gran parte de la sociedad está a la expectativa de un evento de tal magnitud como es la Supercopa Argentina, ignorando a veces lo que pueda ocurrir con temas que realmente puedan afectar el día a día en el conjunto de la población. Riesgos que se corren en un país futbolero.

Sin embargo, yendo a lo netamente deportivo, debemos detenernos en lo importante, que es el juego en una final protagonizada por los clubes más importantes del país. Para analizarlo debemos escapar de la vorágine propuesta por los medios especializados que imponen agenda y hablan “en nombre de la gente”, cada vez que inician una polémica en torno a la posible derrota de uno u otro cuadro y las consecuencias inmediatas que esto implicaría.

Empezando por River, el equipo dirigido por Marcelo Gallardo está atravesando una racha negativa en cuanto a juego y resultados. Nunca pudo pisar fuerte en la actual edición de la Superliga y la baja cosecha de puntos no se condice con un plantel que cuenta con jugadores de jerarquía como Enzo Pérez, Lucas Pratto, Franco Armani y el multicampeón Leonardo Ponzio. El DT no logró consolidar un once ideal a lo largo del certamen y por consiguiente atentó contra la búsqueda de un funcionamiento que sea útil para remontar el bajísimo nivel que viene demostrando.

La realidad de Boca es opuesta a la de su clásico rival. Tuvo un primer semestre de Superliga en el que logró consolidarse como único puntero gracias a un buen funcionamiento colectivo y grandes rendimientos individuales como los de Cristian Pavón, Pablo Pérez, Darío Benedetto (actualmente recuperándose de una lesión) y Wilmar Barrios. Con una sola competencia durante el segundo semestre del 2017, Guillermo Barros Schelotto se dio el gusto de poner lo mejor en el campeonato local, con la intención de sacar la mayor cantidad de puntos posibles para poder afrontar con tranquilidad una primera mitad de 2018 con Copa Libertadores y final de Supercopa Argentina.

El nivel que vienen mostrando ambos equipos no es el ideal para la jerarquía con la que cuentan en sus planteles. En Enero de este año volvió Carlos Tevez a Boca, luego de su paso por la exótica liga China, y River contrató a Franco Armani, proveniente del Atlético Nacional de Medellín, y Lucas Pratto, del San Pablo brasileño, en una cifra superior a los trece millones de dólares, un valor inédito para el fútbol argentino. La gran diferencia entre el equipo de Núñez y el Xeneize es la posición que ocupa cada uno en la tabla del torneo local. El conjunto de Barros Schelotto no está mostrando su mejor versión pero es efectivo y gana. Los de Gallardo no pueden ganar dos partidos seguidos y en la última fecha, con Patronato y en un partido para el olvido, obtuvo su primera victoria como visitante después de perder seis consecutivos.

El próximo miércoles River y Boca volverán a enfrentarse en una final oficial después de 42 años. La última vez fue en 1976, en cancha de Racing, donde el equipo dirigido aquel entonces por el “Toto” Lorenzo le ganó a los de Labruna por 1 a 0 con gol de tiro libre de Rubén Suñé El estadio Mundialista de Mendoza estará colmado por hinchas de los dos clubes. Se espera una verdadera fiesta en la cual poco importa qué posición ocupen en la tabla y en la que tratarán de imponerse a partir del juego y personalidad. Esperamos que sea sólo fútbol, libre de contaminaciones ajenas y con situaciones que solamente tengan que ver estrictamente con lo deportivo.








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